Averías en escaleras y ascensores complican la estación Gualey del Teleférico
Las persistentes averías en las escaleras eléctricas y los elevadores de la estación Gualey, correspondiente a la Línea 1 del Teleférico de Santo Domingo, complican a diario el desplazamiento de miles de ciudadanos que utilizan este servicio en la capital dominicana. Los mecanismos principales de acceso acumulan semanas fuera de funcionamiento, forzando a adultos mayores y personas con discapacidades motrices a subir penosamente por los peldaños de hormigón. La problemática ha desatado reiterados reclamos por la ausencia de mantenimiento adecuado y la escasez de asistencia al usuario.
Según los testimonios de los pasajeros habituales de la terminal, las escaleras mecánicas que enlazan el primer piso con el andén de las cabinas cableadas superan la semana detenidas por completo. En el lugar se observa acumulación de suciedad y notorias manchas de excremento de palomas sobre los escalones. El daño simultáneo de los ascensores agrava la crisis del recinto, anulando cualquier opción de movilidad inclusiva para quienes transitan con coches infantiles o equipos ortopédicos.
El impacto más severo lo sufren familias que acuden regularmente a centros médicos o de terapia. Un ejemplo es el caso de la señora Lucrecia María Gómez, quien viaja dos veces semanales junto a un menor en silla de ruedas con destino a la Fundación Nido para Ángeles. La ciudadana describió el trance que afronta: «Yo transito en la semana dos veces y tanto el ascensor como la escalera, todo está dañado. Ya tiene más de un mes dañado», reclamó Gómez al explicar que la inoperancia la somete a contratiempos recurrentes.
Ante la falta o tardanza del personal asignado a la estación para brindar soporte a los pasajeros vulnerables, la solidaridad comunitaria se ha vuelto indispensable. La usuaria relató que los propios viajeros colaboran cargando la silla de ruedas: «Esperando dizque una ayuda de ellos mismos, de los que trabajan aquí en el Metro y a veces tardan para subir, y los pasajeros, los mismos pasajeros como yo, me ayudan con la silla y cargan al niño». Estos retrasos en el transbordo provocan con frecuencia que el pequeño pierda el autobús escolar que lo conduce a sus sesiones terapéuticas, una rutina que Gómez califica de pésima por el esfuerzo físico que implica moverlo.
Con información de El Día.