Cuatro de cada diez adultos con nueva pareja prefieren vivir en casas separadas
Construir una relación de pareja formal y duradera ya no conlleva de forma automática la mudanza compartida bajo el mismo techo. Una exhaustiva investigación global aplicada a 4,386 personas adultas en Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia, la Unión Europea y América Latina reveló que el 39 % de quienes iniciaron una unión sentimental estable prefiere mantener domicilios independientes.
Este estilo de convivencia afectiva, identificado internacionalmente con la denominación en inglés «living apart together» (LAT), reúne a compañeros comprometidos en vínculos serios pero decididos a conservar sus propios hogares. La práctica cobra una fuerza notable entre aquellas personas que deciden rehacer su vida amorosa habiendo consolidado previamente una residencia, estabilidad laboral o hijos de relaciones previas.
Los participantes consultados destacaron que mantener casas separadas constituye un mecanismo eficaz para preservar la autonomía personal, proteger su estabilidad financiera y delimitar fronteras saludables en la cotidianidad. En ese orden, el 31 % de los encuestados puntualizó como una prioridad el resguardo de su patrimonio individual, mientras que un 36 % aseveró que contar con un espacio propio le brinda una mayor serenidad emocional al formalizar un noviazgo extenso.
La investigación demostró que esta inclinación aumenta considerablemente con el avance de la edad. En el rango de adultos de 35 a 49 años, un 43 % manifestó su preferencia por no convivir en la misma vivienda, proporción que se eleva hasta el 46 % entre los individuos mayores de 50 años, aunque los autores del informe aclararon que esta variación específica se sitúa dentro del margen de error estadístico.
Asimismo, los datos arrojaron una distinción marcada en función del género. Un 43 % de las mujeres con nuevas parejas sentimentales favoreció continuar residiendo en su propia casa, frente a un 35 % de los hombres encuestados. Este comportamiento refleja una transformación cultural donde el compromiso afectivo se desvincula de las pautas tradicionales de cohabitación y unificación económica.
Con información de El Día.