Dominicanos en Nueva York trasladan sus hogares de Washington Heights al Bronx
Miles de familias dominicanas asentadas tradicionalmente en el barrio neoyorquino de Washington Heights han comenzado a migrar de manera masiva hacia el condado de El Bronx y otras localidades vecinas, sin perder los lazos que las vinculan con sus costumbres originarias. El constante incremento en los costos de los alquileres ha acelerado esta transformación demográfica en la Gran Manzana, obligando a los hogares a buscar opciones residenciales viables.
Durante más de seis décadas, desde los inicios de los años sesenta, el Alto Manhattan fue considerado el corazón sentimental de la diáspora quisqueyana, llegando a ser bautizado como la Pequeña República Dominicana. Sus aceras vibraban habitualmente con el sonido del merengue, el aroma de las frituras y empanadas tradicionales, y las concurridas partidas vecinales de dominó durante los meses veraniegos.
Las estadísticas reflejadas en el Censo de 2020 corroboran la magnitud del éxodo comunitario: actualmente residen cerca de 334,000 personas de ascendencia dominicana en El Bronx, cifra que supera holgadamente a los 152,000 contabilizados en la isla de Manhattan, consolidando un viraje poblacional sin precedentes en la urbe. Esta proporción implica que más del doble de los compatriotas radicados en la metrópoli estadounidense habitan hoy en el sector condal del norte.
Detrás de esta mudanza forzada queda un entorno cargado de recuerdos e instituciones de alto valor social para la colectividad. Entre los recintos más emblemáticos de la zona figuran el afamado teatro United Palace, el Museo de la Sociedad Hispánica —con valiosas pinturas de Sorolla, Velázquez y El Greco—, el complejo hospitalario NewYork-Presbyterian junto a la Universidad de Columbia, el monasterio de The Met Cloisters en Fort Tryon Park y el histórico cementerio de Trinity Church.
Pese a que El Bronx también experimenta encarecimientos paulatinos en las mensualidades inmobiliarias, las familias criollas han logrado recrear allí sus comercios, sus expresiones festivas y sus sólidas redes de apoyo mutuo, afrontando los sacrificios económicos propios de todo nuevo comienzo. El traslado geográfico evidencia la capacidad de adaptación de los emigrantes dominicanos, quienes continúan preservando intactas sus raíces culturales fuera del suelo patrio.
Con información de AlMomento.