Doña Zaida y los merengues prohibidos: la era de censura en la radio dominicana
Durante el período comprendido entre 1978 y 1986, la difusión radial en la República Dominicana estuvo sujeta al estricto escrutinio de doña Zaida Ginebra de Lovatón, quien encabezó la Comisión Nacional de Espectáculos Públicos y Radiofonía (CNEPR). Bajo su dirección institucional, el organismo gubernamental emitió resoluciones que censuraron más de 200 composiciones populares para salvaguardar la moral pública frente a la picardía y las metáforas de doble sentido típicas de la música tropical.
En aquel contexto sociocultural, el Conjunto Quisqueya se convirtió en la agrupación con mayor cantidad de temas vetados por el despacho oficial, acumulando una veintena de prohibiciones en su repertorio. Piezas bailables como «Los limones», «El nene se despertó», «Mi piel» («Mira cómo se me pone»), «Déjalo mamá», «El salón», «Menéalo», «El ensalte», «La finquita 1 y 2», «Levántate mi nene» y «Lamento del soltero» fueron apartadas formalmente de las frecuencias hertzianas del país.
El celo normativo de la funcionaria traspasó las ondas de sonido para incidir directamente en las presentaciones audiovisuales. En 1980, la entidad reguladora impuso la prohibición de unos trajes enterizos blancos de una sola pieza que vestían los integrantes de dicha orquesta en programas televisivos estatales, alegando que la vestimenta ceñía sus siluetas de forma excesivamente explícita, circunstancia que forzó al conjunto radicado en Puerto Rico a modificar de inmediato su indumentaria escénica.
Las determinaciones de la titular alcanzaron incluso al popular merenguero Johnny Ventura, a quien en 1980 se le vetó el estribillo de una pegajosa melodía que rezaba «Que se acabe el arroz, la lec...». Asimismo, como advertencia ejemplar para compositores e intérpretes, Ginebra de Lovatón participaba en el recordado espacio dominical «El Gordo de la Semana», conducido por el animador Freddy Beras Goico, donde quemaba ante las cámaras aquellos discos de vinilo considerados contrarios a la decencia social.
Con información de El Día.