Especialista explica por qué independizarse de los padres suele causar culpa
La psicóloga clínica Heidy Camilo Hilario abordó este fin de semana en un análisis para el público dominicano los conflictos afectivos que experimentan muchas personas al iniciar su vida adulta independiente. La experta señaló que transiciones cotidianas como mudarse de casa, seleccionar una pareja, variar de actividad laboral o definir el lugar de residencia suelen desencadenar profundos sentimientos de culpa cuando se realizan al margen de la aprobación de los progenitores.
De acuerdo con la especialista, este malestar se origina en la necesidad innata de conservar el afecto, la seguridad y el respaldo incondicional de las figuras primarias de crianza. Camilo explicó que muchos hijos asumen equivocadamente que actuar según sus propios criterios equivale a fallar a sus seres queridos o poner en riesgo el lazo familiar: «Cuando eso no lo tenemos, sentimos mucha culpa de asumir que estamos cometiendo algún tipo de infracción contra nuestra figura primaria, nuestra figura de apego primario, que es el tema de nuestros padres».
La terapeuta enfatizó que existe una línea clara entre el acompañamiento afectivo saludable y las conductas de control encubierto que limitan la madurez. Desde su perspectiva profesional, una preocupación legítima permite dialogar y expresar diferencias sin retirar el cariño ni condicionar la ayuda moral, mientras que los mecanismos de imposición condicionan el afecto al cumplimiento de expectativas ajenas. «Un punto muy importante para saber que no es preocupación es porque no existe la libertad», remarcó Camilo al describir cómo opera este tipo de presiones.
El análisis advierte que las advertencias parentales pueden volverse lesivas cuando responden más a los temores o conveniencias de los padres que a la autorrealización del adulto joven. Esto se refleja con claridad en personas que deciden postergar proyectos personales o metas profesionales por el temor a desilusionar a sus familias. Para Camilo, alcanzar la autonomía implica aprender a tolerar el desacuerdo familiar, asumir las consecuencias de las propias elecciones y comprender que la discrepancia de opiniones no debe fracturar el afecto genuino ni justificar amenazas de distanciamiento emocional.
Con información de N Digital.