Frankenstein de Mary Shelley: el clásico gótico que revolucionó la literatura
La novela «Frankenstein o el Prometeo moderno», concebida por la escritora británica Mary Shelley a orillas del lago Lemán en 1816 y publicada en 1818, se mantiene como una referencia cumbre de la cultura universal. Concebida originalmente durante un frío verano europeo, la narración continúa desafiando las interpretaciones superficiales más de dos siglos después de su debut literario.
El nacimiento de la obra tuvo lugar en la finca Villa Diodati, donde la autora, que entonces contaba con apenas 18 años y se apellidaba Godwin, compartía estancia con su futuro esposo el poeta Percy Shelley, Lord Byron y el médico John Polidori. Ante las constantes lluvias que obligaban al confinamiento, Byron lanzó el reto colectivo de redactar relatos sobrenaturales. Inspirada por ese desafío, la joven se propuso elaborar una trama capaz de tocar las fibras más profundas del miedo humano, dando origen al emblemático manuscrito.
El argumento central sigue a Victor Frankenstein, un estudiante entregado a las ciencias de la naturaleza cuya desbordada pasión lo empuja a conferir animación a materia inerte. No obstante, al contemplar los resultados de su experimento, el asombro inicial se transforma en repugnancia y pavor, desencadenando el abandono de su propia creación. De esa compleja relación moral nace un relato que articula terror gótico, tragedia romántica, reflexión filosófica y los cimientos de la ciencia ficción.
Con el paso de las décadas, la obra aportó al imaginario colectivo dos figuras universales: la criatura marginada y el científico cegado por la ambición. Ambas figuras trascendieron rápidamente el papel para conquistar los escenarios y el cine, comenzando con una primera pieza muda filmada por la compañía de Thomas Edison en 1910 y consolidándose más tarde mediante las producciones de Universal Pictures en Hollywood y la influyente filmografía de la productora Hammer.
La versatilidad de la narración inspiró homenajes cinematográficos variados, influyendo en hitos como «2001: Odisea del espacio», reinterpretaciones en la cinematografía japonesa e italiana, e incluso comedias dirigidas por Mel Brooks. Pese a tantas adaptaciones comerciales, la potencia del dilema planteado por Shelley sobre la soberbia creadora y el rechazo social conserva intacta su fuerza reflexiva.
Con información de El Día.