Investigación destaca el potencial del árbol de jagua para proteger los ríos dominicanos
El árbol de la jagua, especie vegetal profundamente arraigada en las costumbres culinarias de las familias dominicanas por su tradicional jugo refrescante, posee extraordinarias cualidades medioambientales y agroforestales para el territorio nacional. Así lo expuso el doctor Rafael Amable Vásquez, especialista e investigador vinculado a la Universidad ISA de la ciudad de Santiago, al analizar el aprovechamiento integral de esta planta neotropical.
Científicamente denominada Genipa americana L., esta especie arbórea tiene la peculiaridad de ser monoica, integrando funciones reproductivas masculinas y femeninas. La planta llega a desarrollarse hasta alcanzar una altura cercana a los 15 metros, con un fuste recto de aproximadamente 60 centímetros de grosor y hojas lustrosas. Su fruto se presenta como una baya ovalada de coloración castaña, de cuatro a ocho centímetros de longitud, cuyo interior alberga entre 40 y 80 semillas que se vuelven oscuras al desecarse.
En el ámbito de la conservación de suelos y afluentes, el especialista explicó que las profundas raíces de la jagua resultan fundamentales para estabilizar las márgenes fluviales y contener la erosión hídrica en cuencas hidrográficas afectadas por la degradación. Este rol reparador en zonas ribereñas favorece la filtración de sedimentos y previene derrumbes en los cursos de agua durante las temporadas de abundantes precipitaciones.
Asimismo, la especie cumple un papel biológico de primer orden para sostener la biodiversidad de los ecosistemas acuáticos a través del fenómeno de la ictiocoria. Al madurar, sus frutos caen en los caudales durante las crecidas de los ríos, convirtiéndose en una fuente nutricional primaria para cardúmenes de peces que digieren la pulpa y esparcen las semillas fértiles a lo largo de las riberas, al tiempo que sus copas brindan refugio a insectos polinizadores autóctonos.
El estudio del catedrático santiagués también recopiló evidencias sobre los componentes bioquímicos del fruto, en especial la aglicona genipina y diversos iridoides que modulan procesos inflamatorios celulares. Revisiones científicas han demostrado que estos principios activos poseen propiedades antioxidantes, capacidad para mejorar el estrés celular y efectos hepatoprotectores de alto interés botánico y farmacológico.
Con información de El Día.