Tradiciones de Día de Muertos y Fieles Difuntos llenan de identidad a América Latina
Durante cada primero y dos de noviembre, diversas naciones de América Latina y otras regiones del mundo conmemoran las festividades de Todos los Santos, el Día de Muertos y los Fieles Difuntos para rendir tributo a la memoria de sus antepasados. Estas conmemoraciones anuales reúnen ofrendas florales, romerías a los cementerios, liturgias religiosas y ricas manifestaciones folclóricas en territorios como México, Guatemala, Ecuador, Bolivia, Perú, Haití, El Salvador y la República Dominicana. Cada pueblo imprime una impronta singular a esta jornada, alternando el recogimiento íntimo con alegres celebraciones colectivas.
En territorio mexicano, esta fecha constituye una de las expresiones identitarias de mayor arraigo social y cultural. Los hogares erigen altares decorados con retratos fotográficos, velas encendidas, alimentos tradicionales y la emblemática flor de cempasúchil, cuyos pétalos amarillos trazan senderos para orientar a los ancestros que retornan espiritualmente. La costumbre incluye acudir a los camposantos para adornar sepulcros y degustar el tradicional pan de muerto, una manifestación reconocida por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde 2008 tras su proclamación inicial en 2003.
Por su parte, Guatemala conmemora el primer día de noviembre con el vistoso Festival de Barriletes Gigantes, organizado de forma tradicional en las localidades de Sumpango y Santiago Sacatepéquez. Los residentes elaboran y elevan inmensas cometas de papel multicolor decoradas con figuras artísticas y mensajes escritos, consideradas un puente espiritual de comunicación entre vivos y difuntos. Las familias guatemaltecas completan las visitas a los cementerios preparando el fiambre, un platillo histórico que mezcla embutidos, vegetales y carnes variadas.
En otras latitudes de la región sudamericana, como Ecuador, la recordación del dos de noviembre preserva delicias culinarias emblemáticas como la preparación de la tradicional colada morada acompañada de las guaguas de pan. De este modo, el patrimonio cultural del continente revive año tras año a través del arte popular, la cocina autóctona y los ritos comunitarios que honran a los seres queridos en un ambiente de comunión y respeto.
Con información de N Digital.